Martes, 13 (segunda parte)

Hoy martes, es el ultimo día de 2013.

Cada año que se va nos recuerda, sin que podamos ni debamos evitarlo, todo aquello que nos causó pesar y dolor, miserias y sufrimientos vividos. Todo aquello que nos dejó un hueco.

Siempre despedimos al año con cierta ingratitud, quejándonos de que no fue lo suficientemente bueno y deseando que el entrante sea mejor para que el saliente se pierda en el olvido. Pero también el año que se extingue nos dejó cosas de grato recuerdo y que nos llenaron de alegría, pues seguro que también hubo risas y sincero gozo. Puede que estas luces no basten para rellenar aquellos huecos oscuros, pero es justo y necesario reconocerlas. Agradecerlas.

Luces para desvelar la forma y sombras para moldear los volúmenes, es la vida. Los años pasan y no son más que cuentas de un collar. Los sufrimientos y las penas son tan inherentes a la existencia como las alegrías y los gozos. Así pues, demos gracias a este año que se va por todo aquello que nos ha dejado, bueno y malo, risa y llanto.

En especial miramos atrás buscando a los que se fueron dejando su vacío, que ya no se podrá llenar sino con el recuerdo. Pero también debemos ver que nuevas vidas se hacen espacio en nuestros corazones, trayendo nuevas ilusiones y dando razón de ser al futuro.

¿Vamos a hacer balance de un año, teniendo toda una vida de la que ocuparnos? No seamos mezquinos contabilizando el debe y el haber de 360 y pocos días. Disfrutemos de nuestra vida según nos venga dada, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la alegría y en la tristeza.

Agradezcamos por tanto el año que se agota, porque ningún año que podamos despedir será tan malo que no haya dejado una alegría que celebrar.

Un año más no es sino otro día más. Un nuevo amanecer en que sentir la inmensa alegría de estar vivo.

Nosce te ipsum

El no reconocer nuestra propia voz grabada es algo frecuente y normal. Cuando nos escuchamos desde fuera exclamamos “¿Así sueno yo?”, y normalmente nos gusta menos esa voz extraña y enlatada que aquella otra voz familiar y agradable que escuchamos al abrir la boca y con la que sí nos identificamos.

Igualmente ocurre con nuestra imagen. Diariamente nos miramos en el espejo para ver el maquillaje, el afeitado, o el peinado …. pero poco nos fijamos en lo que hay detrás. No solemos reparar en nuestros gestos, ni en la pose, o la forma de movernos.

Desde que nacemos vamos accionando músculos concretos aprendiendo a adoptar según suponemos una postura o un gesto y que junto a nuestras facciones componen la imagen que creemos nos identifica. Imagen distinta a la que percibe con sus ojos un obsevador desde fuera.

No extraña por tanto que actores, oradores y personas que necesitan controlar su imagen se pasen horas practicando hasta llegar a asimilar mediante la realimentación del espejo las acciones necesarias para conseguir la caracterización que buscaban.

Muchas veces hemos escuchado la frase “yo salgo fatal en fotos”, y tras la sesión vemos que el trabajo es bueno y reconocemos a la persona fotografiada, aunque nuestro protagonista tampoco se termina de gustar en la imagen que la fotografía le muestra de sí.

Quizás todo el problema consista en que a veces no somos conscientes de la imagen que los demás tienen de nosotros. O dicho de otra forma: no nos vemos como nos ven los demás.

No se trata pues de un problema de gustarse o no en una fotografía, sino de reconocerse. Sencillamente, no nos identificamos con la imagen que nos muestra la cámara.

I can do…

Sé hacerlo, quiero hacerlo y puedo hacerlo. Es el momento de cambiar el nombre de este blog. 

Tras este largo año y pico de grandes cambios propios, era necesario cambiar muchas cosas de alrededor. Los cambios comienzan a verse.

Puede parecer que un simple cambio de nombre es poca cosa, pero un nombre es el comienzo de todo. Un nombre nos diferencia del resto. Un nombre hace que seamos lo que somos y quien somos. Nacemos cuando  tenemos un nombre, y tras morir sólo queda un nombre.

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Un nombre para conocernos y reconocernos, un nombre para amarnos y odiarnos, un nombre para buscar otros nombres.